La asistencia de poco más de 8 millones de electores (41% del padrón electoral) al proceso constituyente tiene un significado contundente, mucho más allá de la estadística. Es en esencia un resultado cualitativo, que desnuda consigo un conjunto de variables.


Foto: Rosana Silva

Necesario es desglosar algunas primeras apreciaciones que podrían inferir en un conjunto de explicaciones a la masiva asistencia que tuvo este importante evento electoral, sui generis y signado además por circunstancias bastantes particulares. Entre focos violentos y la no participación de los principales partidos opositores. Todas estas variables (y otras) en sumatoria, podrían explicar la alta afluencia al sufragio. Veamos.

-La campaña: La convocatoria a participar en la elección constituyente tenía todos los ingredientes de una campaña exitosa. Un tema musical pegajoso, una visual y símbolos amigables, una presentación de proceso electoral abierto mucho más allá de los partidos políticos tradicionales, pero sobre todo una consistencia en su alcance. La campaña estuvo cargada de un discurso subyacente poderoso, basado en el empoderamiento de la gente del hecho político. Fue una campaña amplificada, agresiva en términos estrictos de una campaña electoral, pese a su corto tiempo de duración. El efecto esperado era el de crear un entusiasmo que fue evidente antes y durante los comicios.

-Las candidaturas: Esta elección particular tuvo consigo la presentación de un inmenso número de candidaturas, caracterizadas además por su diversidad, representantes de territorios y sectores sociales. Algo inédito en la política venezolana reciente, signada por la polarización y los nombres bajo siglas de partidos políticos. El despliegue en el terreno de este importante número de candidaturas, de gran calidad la mayoría de ellas, movilizó el voto. La consigna "Vota por quien quieras, pero vota", fue efectiva. Candidaturas de gente real, sin aspiraciones a ganar, pero que llevaron propuestas a comunidades e hicieron sus propias campañas, fueron factor importante que de manera atomizada sirvió para el despliegue del entusiasmo.

-Remoralización: El chavismo desde la convocatoria a Constituyente comenzó a dar señales claras de repolitización y remoralización. Abrió paso a un proceso de reorganización de sus filas, al unísono de la escalada violenta que desde hace más de tres meses ha emprendido el antichavismo. La convocatoria a la medición electoral revitalizó las filas del chavismo presentando la elección constituyente como una afrenta a las agendas de violencia y golpe de la contrarrevolución. Un factor clave.

El acecho del adversario repolitiza. Este proceso viene precedido de la importante derrota electoral que sufrió el chavismo a finales de 2015 y luego de un severo período de coyuntura económica que se supone había sedimentado totalmente el apoyo al chavismo. Paradójicamente la adversidad política, que ha puesto en riesgo al chavismo en el gobierno, ha sido detonante para una reagrupación en las filas en favor de la defensa del chavismo en el gobierno, más allá de las inconformidades hacia la gestión de la dirigencia, que siguen vigentes.

-La oportunidad política: El chavismo se entiende a sí mismo como una fuerza política y social. Es una fuerza identitaria. Luego de que la oposición declarara al chavismo una minoría de apenas 10% electoral del país y luego de que se le declarase una fuerza inhabilitada para regir, la base del chavismo se aprestó para demostrar lo contrario y entendió que la elección constituyente era una oportunidad política para demostrarlo. Es un componente de la psiquis política del venezolano. La provocación permanente de la derecha, los asedios desde el extranjero incluyendo la participación directa de Donald Trump en amenazas de sanciones económicas, dispararon emociones colectivas.

-La apuesta por la paz: La Constituyente fue presentada como una alternativa política para poner en discusión el modelo de país, reacomodar el entramado institucional y como una apuesta al diálogo y a la paz. La subjetividad venezolana es mayoritariamente pacífica pese a la proliferación de escaramuzas políticas.

Es una cuestión identitaria, inherente a la cultura nacional, el rechazo al ejercicio de la violencia política y es un componente transversal de nuestro imaginario político y social que, vale decir, no es exclusivo de chavistas, sino también de opositores y no afiliados a partidos. Los meses de violencia dura patrocinada y ejecutada por el antichavismo, aupada además desde instancias en el extranjero, crearon las condiciones para que sectores amplios de la vida nacional suscribieran la consigna "Votos sí, balas no".

-El voto pese a todo y la mentalidad venezolana: Otro elemento de la psiquis (a veces casi indescifrable) del venezolano es el de responder a las afrentas. Este es, como dicen muchos, "un pueblo atravesao" cuya interpretación tiene a muchos "sesudos" analistas dándose golpes contra la pared. La campaña de intimidación, terror, amenazas, violencia, cierre de vías y la proliferación de prácticas paramilitares por el control del territorio, suponían el éxito de la campaña antichavista de miedo para inhibir la asistencia a las urnas. Sucedió el efecto contrario.

Fue un hecho sabido que en puntos específicos del país, donde la violencia capturó territorios, se produjeron actos de terror y asedio contra cualquiera que tuviera la intención de votar. Eso detonó reacciones entre grupos de electores en zonas no controladas por los violentos. Pero más insólito fueron los casos, historias por doquier, de gente superando obstáculos y confrontando, para no dejarse bloquear o trancar su derecho al sufragio. La respuesta y la retaliación de la gente a las afrentas violentas del antichavismo es un factor clave, particular de la mentalidad venezolana de desconocer la imposición antidemocrática.

La agenda violenta de la oposición los días previos y durante el 30 de julio detonó la asistencia de chavistas y no chavistas a la elección. Recordemos que para las mayorías nacionales es sabido que el 16 de julio la oposición organizó un fraudulento y no vinculante plebiscito, que ejecutaron sin mayores impedimentos. Para el país entero era una paradoja que la oposición intentara bloquear con violencia la Constituyente, inhibiendo el derecho de la gente a votar. Esto disparó emociones y no hay que escatimar esto, la subjetividad política venezolana se rige de alguna manera, también, por el factor socioemocional.

Se ha votado en busca de soluciones y en contra de la confrontación
El voto de opositores

Hay que sopesar con mucho cuidado el resultado estadístico de más de 8 millones de participantes en esta elección. Es difícil asumir que hay de hecho 8 millones de chavistas en Venezuela cuando efectivamente se reportó, desde diversas fuentes, el fenómeno del voto de opositores, pese a que la Mesa de Unidad Democrática (MUD) decidió no participar, privando a sus electores de sus derechos políticos. Los factores que podrían explicar ese fenómeno (inmedible estadísticamente) vienen desde diversas direcciones.

-Rechazo a la MUD y posibilidad de voto castigo: Es cierto que existe un gran lote electoral nacional descontento con el Gobierno. Son los integrantes y seguidores de la oposición. Pero también es cierto que dentro de ese gran grupo, es mayoritario el rechazo a la violencia de la MUD. Por otro lado, las señales de rechazo a la MUD también son evidentes por el manejo de sus adeptos con falsas expectativas triunfales, agendas improvisadas, fragmentación de sus liderazgos, ausencia de proyecto de país y la ausencia total de liderazgos constructivos.

Reaparece la cuestión de la mentalidad política venezolana. La posibilidad de voto castigo a la MUD es enorme. El chavismo sufrió una abstención castigo en diciembre de 2015 y es probable que la MUD haya sufrido una elección de muchos de sus seguidores el 30 de julio, consecuencia de su desgaste político. La MUD ha administrado con gran torpeza el saldo político de las elecciones parlamentarias, al punto de probablemente haber sedimentado parcialmente su capital en la vorágine de la confrontación, las promesas incumplidas y los rostros agotados.

-El Carnet de la Patria: El chavismo instrumentó el uso del carnet de la patria para medir la participación en la Constituyente. Se empleó el método de chequeo posterior al voto, del código del carnet, como fórmula para llevar un conteo de participación en boca de urna, en caliente, en tiempo real y por vías electrónicas confiables, sin tener que esperar por la transmisión de datos del CNE y sin lidiar con decepcionantes experiencias previas de malas mediciones en boca de urnas. Al hacerse el anuncio, entre opositores corrieron rumores de que el uso del carnet en la elección se traduciría en alguna prebenda o beneficio inmediato.

15 millones de venezolanos, incluyendo opositores, poseen el carnet de la patria. Como sabemos, los opositores suelen ser incluídos en la política social chavista y cuentan en ocasiones con prioridad y son los primeros en la adjudicación de beneficios de la política social. Hasta se regodean de eso en muchos casos. Movidos por esas expectativas, es cierto que muchos fueron a votar, no obstante y aunque nunca se haya anunciado por el oficialismo, algún tipo de recompensa o prebenda por eso.

-La campaña del miedo: Así como rodaron muchos rumores entre opositores en torno al carnet de la patria, también hubo un elemento propagandístico propio de la dirigencia opositora y los portavoces anónimos de las redes sociales que afirmaban lo peor para la gente de a pie, como la eliminación de subsidios particulares para ciertas poblaciones si no llegaban a votar en las elecciones constituyentes. Paradójicamente, hubo mucha gente opositora que salió a votar este domingo 30 de julio producto de la campaña escuálida del miedo sobre sus propios votantes regulares y los desinteresados de la política venezolana.

Son varios los testimonios de miembros de mesa en todo el país que presenciaron las votaciones de múltiples opositores "porque me pueden quitar la pensión", "¿y si me quitan el apartamento de la GMVV?", y cosas por el estilo que, al parecer, convocan a la participación política debido a las falacias conocidas que la oposición regularmente argumenta, supuestamente a su favor. Pues sucedió lo contrario, en algunos casos. Un búmeran electoral y, por ende, político.

-La expectativa de soluciones: La base opositora venezolana está compuesta en muy gran medida por venezolanos preocupados por la situación-país. Son gente que desde su visión, en consecuencia, es manipulada en sus inquietudes para terminar como capital político de la oposición, pero en realidad hablamos de población venezolana inquieta, inconforme. Ante la debacle de insatisfacciones que la MUD constantemente propina a sus seguidores, es probable que existan grupos electorales que aunque sean habitualmente opositores, sean también ambivalentes y pragmáticos, gente desesperada que aspira soluciones a los grandes problemas nacionales y que esperan encontrarlas, sean esas alternativas generadas por la oposición o por el Gobierno.

La ausencia de soluciones luego del triunfo político de la MUD en 2015 ha descolocado a muchos de sus seguidores que tampoco suscriben las agendas de violencia y golpe de Estado. Son grupos oscilantes electorales, claramente inquietos y expectantes. Un grupo electoral difuso, pero al cual el chavismo debe mirar, pues han votado en busca de soluciones y en contra de la confrontación.


Fuente http://misionverdad.com/LA-GUERRA-EN-VENEZUELA/a-que-se-debe-la-alta-participacion-electoral-en-la-constituyente



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